martes, 21 de mayo de 2013

... JUEGO DE PERDICIÓN ...

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   --- Hey! Algarrobo … te vienes con nosotros?

  El chico la miró dudando … tranquilamente, como era su costumbre, contestó …

  --- Dónde iréis?

  --- Vamos hasta la casa de Sato … sus padres no están …

  Después de un breve momento de reflexión Juan hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

  --- Entonces vamos … nos esperan fuera.

  Juan era un chico tranquilo, un bueno estudiante y hacía amigos con facilidad … tenía un físico delgado y era el más alto de todo el grupo … eso le hizo ganar el apodo de algarrobo, un árbol grande … como él.

  Al salir de la cafetería había un grupo de tres chicos y una chica esperando …

  --- Miren … ha convencido al Algarrobo.

Uno de ellos se acercó …

  --- Me alegra que hayas venido, macho … mis padre se fueron a Madrid … tenemos la casa solo para nosotros …

  Juan sonrío discretamente y sus ojos se cruzaron con la chica que, junto a un coche le miraba … era Andrea … sentía debilidad por ella … pero era demasiado tímido para siquiera decirle algo más que “hola” …

  --- Vamos, chicos … estamos perdiendo el tiempo …

  Todos siguieron a Sato. Su casa no estaba lejos.

  Quince minutos después de una caminata a paso más o menos acelerado, llegaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Sato vivía en una vivienda de dos plantas con un gran jardín alrededor.

  --- Limpiaros los pies al entrar, por favor … Nos vamos al piso de arriba.

  En pocos minutos se encontraban todos sentados en el suelo del salón de arriba.

  --- Qué hacemos? Jugamos a las cartas?

  --- Otra vez? Siempre lo mismo.

  Andrea se sentó al lado de Juan.

  --- Tú que dices, Juan? Jugamos a las cartas?

  Juan sintió la boca seca …

  --- Lo que queráis … me da igual …

  --- Tengo una idea mejor … hacemos una sesión de espiritismo?

  Todos miraron al dueño de aquella voz.

  --- Y eso como sería?

  --- Nos concentramos todos e intentamos llamar algún espíritu …

  --- Esperen! Ya vuelvo.

  Sato salió del salón y bajó las escaleras …

  --- Qué le ha pasado?

  --- Tendrá miedo! …

  --- Tú tienes miedo, Juan? --- Andrea hablaba en voz baja.

  Juan sintió como ella se recostaba en su brazo …

  --- No. Esas cosas no me dan miedo.

 






 

  En pocos minutos, Sato volvió a reunirse con ellos. En la mano traía un cuadrado de cartón.

  Lo puso en medio del círculo formado por todos sus amigos … se podían ver unas letras pintadas …

  --- Y eso que es?

  --- Una ouija.

  --- Una ouija?!!!

  Todos se inclinaron para ver más atentamente lo que tenían delante.

  --- Y esto para que sirve?

  --- Dicen que con eso se puede hablar con los muertos.

  Era la primera vez que Juan hablaba. Todos lo miraron sorprendidos.

  --- Tú que sabes de esto, Algarrobo?!

  --- Mi abuela tenía una … nunca me ha dejado verla bien … ni tocarla siquiera … pero se encerraba en el garaje con sus amigas …

  --- Y tú como tienes eso, Sato?!

  --- Es de mi madre … también la usa con sus amigas … pero yo sé donde la guarda … se usa con esto … --- puso un pequeño vaso de plástico encima del cartón.

  --- Qué raro, no?!

  --- Hay que poner el dedo índice de cada uno en este vaso … al mismo tiempo … después, dice mi madre que el vaso se moverá solo y tenemos que juntar las letras y formar las palabras con que los espíritus nos hablan …

  Andrea apretó el brazo de Juan …

  --- Esto me da mala espina, Juan.

  --- Tranquila … no pasa nada … pienso que no funcionará.

  --- Ahora hay que pensar en algunas preguntas …

  Todos hicieron un momento de silencio pensando las preguntas …

  --- Empieza tú, Sato … eres el dueño …

  --- Vale … voy hacer la primera pregunta … HAY ALGÚN ESPÍRITU AQUÍ?!

  El silencio fue la única respuesta. El vaso no se movió.

  --- No hagáis mucha presión sobre el vaso … tenemos que relajarnos …

  Andrea quitó el dedo.

  --- Sigue tú, Juan … a mi me da miedo … seguiré aquí mirando …

  Sato subió de nuevo la voz:

  --- HAY AQUÍ ALGÚN ESPÍRITU? EN ESTE MOMENTO? QUE SE MANIFIESTE, POR FAVOR. --- el tono era firme … casi amenazador.

  Un enorme estampido hizo que se helaran todos.

  --- Qué ha sido eso?

  --- La puerta se ha cerrado. Eso ha sido lo que escuchamos?

  --- Yo la dejé abierta.

  --- Tranquilos … habrá sido una corriente de aire. No quiten los dedos.

  Casi al mismo tiempo que hablaba el vaso empezó a moverse.

  Primero paró junto a la letra S … después, muy lentamente … hasta la letra I.

  --- Sí! Nos ha contestado … SÍ!

  A Juan eso le animó.

  --- Ahora preguntare yo … DANOS UN NOMBRE. QUIÉN ERES?

  --- El vaso siguió moviéndose … primero la letra R después O, y M, y E, y, por fin, O.

  --- Romeo?!! Quien será Romeo?

  Sato paró de repente … y quitó bruscamente el dedo del vaso. Todos lo miraron.

  --- Qué pasa Sato?

  --- Romeo … era el nombre de mi tío …

  --- Tu tío?

  --- El que ha muerto?

  --- Sí!

  Todos quedaron mudos. Fue Juan quien rompió el hielo.

  --- Y de que ha muerto tu tío, Sato?

  --- Se ha suicidado.

  --- Oooops! Cómo?!

  --- Se ahorcó.

  --- Jolín, gente! Será mejor parar con esto … no os parece?

  Pero no todos tenían miedo.

  --- Una pregunta más … solo una …

  Otro del grupo salió del círculo y se sentó un poco más alejado.

  --- Yo no. Seguid vosotros si queréis.

  --- Ok. Ahora que alguien haga otra pregunta.

  --- Yo la haré … QUIERES COMUNICARTE CON NOSOTROS?

  El vaso volvió a moverse y de nuevo buscó las letras S, y I.

  --- Ha dicho que sí! … Y ahora que hacemos?

  Sato estaba verdaderamente afectado. Se levantó de golpe y salió llevando consigo el cuadrado de cartón.

  --- Volveré a poner esto en su sitio. Basta por hoy.

 

 

 

 

 

  --- No has tenido miedo, Juan … tienes valor … --- Andrea le susuraba al oído.

  Juan sonrío y cuando la miró deparó que sus labios estaban ya cerca de los suyos … el beso fue rápido … nadie se dio cuenta.

  Como era viernes, pasaron todo el fin de semana sin contactar entre ellos.

  Juan pensaba que aquella ouija podría ser un mundo inmenso … podría ser muy interesante.

  Buscó en el despacho de su padre algo que le pudiese servir … después de una breve búsqueda encontró un folio de cartulina, más o menos de las dimensiones de la ouija de Sato … había tomado una decisión … haría su propia ouija …

 

                          ( continuará ... oh! si! ... )

 

 

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